por Diego Rosake.
Comienza a sonar un piano que invita a la serenidad contemplativa. El mate está listo y la grabadora marchando. De las puertas que se comunican en círculo con el living de su casa, surgirán repetidamente los rostros de sus cuatro hijos. El piano insiste. El mate también. Casi sin quererlo se asoman las palabras...
Orígenes en el margen y centro de la poesía.
Yo siempre fui lector. Empecé tarde a interesarme por la escritura. A los veinte años. Siempre me quedó esa cosa de no haber tenido una infancia llena de libros. Recuerdo ir a lo de mis primos y contemplar sus bibliotecas inmensas... siempre sentí que me faltaba algo.
A los veinte años comencé a comprar libros, coincidiendo la lectura con una etapa de búsqueda personal. Y la poesía tenía ese encanto de la palabra y del descubrimiento de la otra eficacia del lenguaje. Obviamente uno es lector antes que escritor, pero llega un momento en que la cabeza empieza a ordenar las palabras de manera distinta, empieza a jugar con el lenguaje. Primero de una manera muy precaria, digamos, sobretodo imitando a los grandes poetas que uno lee: Neruda, Benedetti... Hay como una puerta de entrada que tiene que ver con lo vivencial, o sea, se trata de meterse en el mundo de los otros, de los clásicos, pero buscando otra mirada de la palabra. También la música es inspiradora de poesía.
La realidad: redescubrir/ resignificar el mundo.
Creo que es un camino largo... (entra Eugenia buscando un libro). Es un camino larguísimo, en paralelo a la vida. De idas, de regresos, de repeticiones, de sorpresas, de fracasos... Yo creo que nosotros, al construir un mundo utilizando como herramienta al lenguaje, reinterpretamos de manera poética la realidad. Lo que pasa es que el lenguaje que usamos es el convencional. Creo que hay momentos, así como uno comienza a reafirmarse en el mundo de manera personal, en donde se empieza a construir su interpretación personal. Borges decía que la vida de un hombre puede definirse en un instante, que es el instante en que uno sabe realmente quién es. Y con la poesía pasa lo mismo... (entra Julián cantando una canción). La poesía tiene que ver con el conmoverse, con el asombro... aunque muchas veces trascienda la palabra y encontremos, por ejemplo, poesía en una foto. La palabra es una herramienta más que define al acto poético.
La función poética.
Una mirada que sea distinta y que sea interesante desde el punto de vista estético. Aunque las cosas que seducen del mundo, de los otros, se definan siempre de manera personal. La poesía está asociada a la sorpresa o a la belleza... al servicio de la interpretación de la realidad. En uno de mis textos digo que la poesía es lo que sobra de la mirada... Se da cuando vos contemplás algo y ese algo te brinda más de lo que obtenés por la mirada. O la palabra misma tiene otro brillo (Manucho mira desde una de las puerta y sonríe). Cada poeta tiene sus detonantes en la palabra y cada palabra tiene un significado totalmente distinto para cada uno, y en base a eso uno va construyendo su poética. Sobre el peso de las palabras. De determinadas palabras...
La poesía social.
Yo hablo siempre de una concepción personal de la poesía. Yo creo que mi función o mi manera de interpretar la cosa es esa. Cada uno debe tener una manera distinta también. En eso radica la eficacia de la cosa. Yo, por ejemplo, pretendo escribir como si estuviera pintando. Hay muchos poetas, que a mí me seducen mucho, cuyo planteo es contra el lenguaje o social... ahí es donde está el matiz que le va a dar color al árbol de la estructura poética de una cultura. Yo trato de buscar o descifrar mis propios códigos. Pero son mis códigos. Uno tiene que saber de qué manera trabaja. Con qué estéticas, con qué miradas...
La palabra es una herramienta de cambio. De eso no hay dudas. Si, aunque con otra finalidad, la usan hasta los políticos... Hay grandes poetas que combinaron la palabra con la acción. Poetas como Gelman, Urondo, Neruda... y tuvieron su eficacia. Lo que pasa es que en la poesía cada uno hace lo que puede y lo que siente... A mí me seduce más el ámbito de la intimidad, porque yo no tengo una mirada política de la realidad, sino más bien intimista. Me interesa más el mano a mano que los grandes discursos, de los que yo descreo.
Nuestra ciudad: Radiografía cultural.
A través de estos años que tuvimos la librería y que tuvimos la suerte de conocer muchísima gente, encontramos a muchas personas que trabajan, que hacen cosas. No sólo a nivel poético, sino también musical, teatral... Yo creo que están muy desprotegidas desde el plano institucional. Todos los trabajos son individuales, con mucho sacrificio, teniendo que hacer cosas que escapan al ámbito de uno: el que escribe tiene que ser editor, distribuidor, vendedor... Quizá esto pase en todas las ciudades, pero deja esa sensación de que es un trabajo muy desprotegido. Si desde determinadas instituciones deben encargarse de eso, acá no pasa. Y sobretodo hay un desconocimiento absoluto de las cosas que se gestan en nuestra ciudad. Y es algo que pasa desde hace muchísimo tiempo (aparece Nico corriendo al perro). También desde los medios se apunta a una oficialidad cultural que hasta es obsoleta. Y siempre mirando hacia Buenos Aires. Sería importante que los artistas locales encontraran un respaldo... A mi me gustaría sentarme con los encargados de la sección cultural y preguntarles a qué escritores conocen, a qué músicos conocen... Si no hay un proyecto, no hay una mística, son todos proyectos aislados. Uno escribe a pesar de todas las cosas, pero por ahí pierde el punto de referencia de lo que está haciendo.
Bahía Blanca tiene muchísima gente que viene trabajando hace años con diferentes líneas, movimientos o talleres. Hay muy buenos poetas, poetas distintos, novedosos. Interesantes o no, pero gente que trabaja. Movimientos que han sabido agrupar a los nuevos escritores, como el caso de Vox o El Calamar, más todos los poetas independientes. Ya te digo, hay muchas cosas hechas a pulmón... Eso complica las variables de entusiasmo.
Definición de poeta.
Yo elaboro el texto de manera inconsciente, pero siempre tengo la sensación de que estoy trabajando. Y cuando escribo, escribo algo ya elaborado. Hay escritores que escriben de una manera trabajada y conciente. Yo lo hago pura y exclusivamente cuando tengo una necesidad de bajar cosas que se que estoy laburando permanentemente desde la palabra o la mirada. Principalmente con la mirada. Mi pelea es con la mirada, el tratar de buscar una veta que permita llegar a todo el mundo y a su vez a la gente que lee poesía...
Hay varias autopropuestas que las tengo que encarar de manera conciente para que funcionen después a través del inconsciente, que es, en mi caso, el que se encarga de estas cosas.
Yo creo que mi poética tiene que ver con esa idea de mostrar las cosas que hacen que uno vea la realidad de manera distinta y que a su vez le sirvan de referencia a otros. Buscar algo que a mí me conmueve y por ahí al otro, que lo vive todo los días, le resulta cotidiano hasta que encuentra a través de la lectura otro significado del que él le otorgaba...
Me acuerdo de un texto mío que habla del paredón que está escrito con los nombres de los desaparecidos en un edificio sin terminar... y yo siempre lo vi como un monumento de este país que nunca termina de despegar. Yo creo que gente que ha leído ese texto, cada vez que pasa por ahí, alcanza a interpretar lo que yo quise decir. Y son las cosas que están todo el día delante de uno. Y la poesía es eso... mostrar un mundo y seducir con el mundo de uno. Obviamente que cuando uno escribe trata de dar en el blanco. Como dice Jorge Boccanera: El poeta, como el cazado pobre, a lo que salga. A veces se da en el blanco y a veces se hace lo que se puede... aunque la pretensión está. Siempre se intenta conmover al lector. Desde mi perspectiva, la poesía que no conmueve no es poesía. A pesar de que algunas estéticas (que de todas formas las leo y las respeto) sostengan lo contrario.
Buscando un epitafio.
Tengo un texto, en un libro de canciones, que se llama Testamento y habla de todas lo que uno ama, de las obsesiones, de las cosas que van a dejar constancia de haber pasado por esta vida y de haberse conmovido con esta vida. No me seduce la idea de quedar o de escribir para la inmortalidad. El hecho de decir algo para alguien más justifica el laburo, pero tampoco le doy tanta seriedad a la cosa.
A mi me gusta el desafío. En un texto hablo del poema que nunca escribiré, que es el poema que invita a seguir. Ese es el laburo. Uno no escribe para autodefinirse como escritor.
La cinta llega a su fin sin darnos alguna señal de advertencia. Hemos acabado con su hora. Se nos terminan las palabras y el agua del mate que también pide un descanso. Es tiempo de agradecimientos y la promesa de futuras charlas. Abrazos y partida. De fondo Bill Evans continúa sin agotarse: Debes creer en la primavera.
* 1963, Allen, Río Negro. Librero y Escritor. Publicó Katrú (poesía, 2004) y El circo de los pobres sueños (poesía, 2008).


2 comentarios:
Ah bueno...
Grosso Martínez, en serio che.
Laureana: Martínez es uno de los Grandes Poetas de nuestra ciudad. Estamos orgullosos de haber podido publicar su "Circo de los pobres sueños".
Saludos!
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